Los coches de plaza

A mediados del siglo XIX aparece el concepto de coche de plaza o punto, llamado así por tener un punto concreto de parada. Es el mismo servicio que ofrecen los coches de alquiler del siglo pasado con la única diferencia -aunque importante- de la gran densidad de vehículos que se dan cita en las calles de la capital. Según establecen las diferentes leyes aparecidas en este periodo, tanto los dueños de carruajes de alquiler como los empleados deben estar matriculados en el resgistro correspondiente del Ayuntamiento.

Los primeros bandos aparecen en 1801 y 1804 y recuerdan que "...todos los dueños de coches de colleras, calesas -en la imagen de la derecha-, calesines, tartanas y otros cualquiera carruajes destinados a alquilarse para servicio del público, y sus criados -es decir, los taxistas asalariados- acudan en el preciso término de 15 días a la Escribanía de Gobierno de la Sala a alistarse, con la especificación de sus nombres, apellidos, naturaleza, vecindad y estado, bajo multa de veinte ducados".

PROHIBIDO DEJAR SUELTO EL GANADO

La mayoría de los carruajes de alquiler disponen de uno o dos caballos y la capacidad es de dos o cuatro asientos. Las autoridades intentan regular la conducción de los animales -igual que en el siglo anterior- para evitar que caminen sueltos por las calles sin ningún control por parte de los dueños. En octubre de 1814 se publica en el Diario de Madrid un bando firmado por el rey y los alcaldes de Casa y Corte observando "...al abandono con que los cocheros, caleseros, carromateros, mozos de mulas y caballos descuidan el ganado, dejándolo suelto y separándose de él en las calles...".

Para evitar accidentes se ordena que ningún cochero se separe del coche, mulas o caballos. También en 1814 se prohíbe a los arrieros, tragineros y demás personas a colocar "...las caballerías en las aceras cruzándolas en ellas, atándolas a las rejas o impidiendo el paso de cualquier otro medio". Las penas por galopar son de 10 ducados y un mes de prisión y por cruzarlas en las aceras el doble y la entrega del infractor a la justicia.-

LOS COCHES Y LOS PUNTOS DE PARADA

Berlinas, bombés, calesas, landós, carretelas, coches de ciudad, cupés, furgones, tílburis, faetones, galeras, góndolas, ómnibus y tartanas fueron algunos de los carruajes de alquiler que circularon por el Madrid del XIX. Según Pascual Madoz en 1848 hubo en la capital 582 carruajes de alquiler de todo tipo, de ellos 235 se dedicaban al transporte individual de personas.

Las zonas urbanas de parada estaban reguladas por los bandos de 1801 y 1804 y estaban repartidas por las calles de Alcalá, cerca de la Puerta del Sol, y Toledo, junto al convento de La Latina, y plazas de la Cebada, Santo Domingo, Rey, Antón Martín, Progreso y Descalzas. Las paradas con mayor número de carruajes a mediados de siglo eran las de Carretas, Alcalá/Buen Suceso, Puerta del Sol y plazas de Santa Ana, de la Villa, Mayor y Antón Martín.-

LOS LÍMITES Y LAS TARIFAS

El 16 de septiembre de 1849 el marqués de Santa Cruz, alcalde de la ciudad, publica en un bando las normas que deben regir para la explotación del servicio de coches de alquiler. Se indican los límites geográficos y tarifarios de los taxis de entonces quedando establecidos en las plazas actuales de Ruiz Giménez, Bilbao, Alonso Martínez, Colón, Independencia, Atocha, Legazpi, Pirámides y San Vicente.

A partir de estas referencias urbanas la ciudad terminaba y empezaban los pueblos de Carabanchel, Vicálvaro, Chamartín o Fuencarral entre otros. Las tarifas oscilaban entre los 4 reales en los carruajes de un caballo y carreras para una o dos personas, hasta los 16 reales para los servicios nocturnos realizados por los carruajes de 2 caballos y 4 asientos.-

Los coches a la calesera

Los coches a la calesera comienzan a circular por la capital a finales del reinado de Fernando VII. En 1846 el Ayuntamiento de Madrid elabora un índice con la relación de coches que prestan este servicio público. Los carruajes a la calesera, llamados así por el uniforme que llevaban los cocheros, parecido al de los conductores de las antiguas calesas, ofrecen un servicio regular de transporte de viajeros con recorrido fijo entre el interior de la ciudad y la periferia.

Estos coches comunicaban el centro urbano con algunos puntos periféricos que entonces se encontraban un tanto alejados de la ciduad como las Ventas del Espítiru Santo -actual zona del Puente de Ventas-, Tetuán, Puente de Vallecas, plazas de Toros y estaciones del ferrocarril. Las paradas eran de dos tipos: fijas y accidentales, la primeras estaban situadas en las plazas del Hospital General (Atocha), Segovia, Bilbao, Santa Bárbara, Puerta de Toledo, Progreso e Independencia, y las segundas en la Puerta del Sol, plazas del Ángel, Cebada y San Marcial (Plaza de España) y Cuesta de la Vega.

En estos espacios tanto los mayorales como los cobradores tenían prohibido anunciar a gritos los asientos vacantes y el destino del servicio. -

MODELOS DE COCHES A LA CALESERA

BREAK: Coche descubierto de cuatro ruedas, con varios asientos y diferentes clases o modelos. El más común fue el break-ómnibus, que disponía de un pescante muy alto, otro asineto más bajo detrás para dos personas y dos asientos más, dentro de la caja, en posición vis a vis. Tiraban del carruaje cuatro o cinco caballos, dos en tronco y dos-tres en potencia que ejecían de guía.

TARTANA: Carruaje muy utilizado en las regiones del Mediterráneo y también en la capital. Fue un coche de cubierta abovedada y asientos laterales con capacidad para ocho-diez personas. El enganche se realizaba en limonera, disponía de dos o cuatro ruedas y la entrada era trasera.

ÓMNIBUS

Este tipo de carruaje fue un precursor de los actuales autobuses. El primer servicio comenzó a circular en 1843 con tres líneas que unían el centro de la ciudad con zonas periféricas como el Retiro, Chamberí y la Puerta de Atocha.

El billete costaba un real y el carruaje era tirado por cuatro animales que con el paso del tiempo fue modificando en capacidad y tiro, pasando de ocho a veintidós plazas.-

 

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